03. Patrimonio compartido en el norte de África

Consciencia contemporánea del pasado



 

 03. Patrimonio compartido en el norte de África

   Hagamos un repaso rápido de la historia de nuestra ciudad  a través del patrimonio histórico que nos ha llegado y la relación con el existente en otras ciudades del norte de África en cada uno de los períodos históricos.  


3.01 Prehistoria

   La primera referencia de presencia humana en Ceuta nos la aportan los trabajos desarrollados en el Abrigo y cueva de Benzú llevados a cabo por la Universidad de Cádiz y la Ciudad Autónoma de Ceuta desde 2001. En la hoy conocida como barriada de Benzú se ha constatado la presencia de sociedades recolectoras-cazadoras-mariscadoras durante el Paleolítico Medio (hace 250.000 años), que si bien ocupaban temporalmente las oquedades que proporcionaba la accidentada geología de la costa norte ceutí, estudios posteriores en el istmo (en concreto en el interior de la Puerta Califal) nos han enseñado que también había sociedades sedentarias que fabricaban útiles. Para una mayor comprensión de este período no nos podemos limitar en el estudio al término municipal de Ceuta ya que, por un lado, el nivel del mar era inferior en 110 metros y la línea de costa difería en gran medida de la actual, disminuyendo la distancia entre los dos continentes, y por otro, restos de sociedades similares ocuparon toda la costa norte africana hasta Tánger.

   Precisamente, en la cueva Mugharet el Aliya en Tánger, en la zona conocida como cabo Espartel, se encontraron restos inicialmente atribuidos a neandertales, pero estudios posteriores, parecen indicar que en realidad son de Homo sapiens. De confirmarse este estudio se produciría un adelanto respecto a los resultados de los trabajos que se llevan a cabo en Benzú, donde hasta el momento sólo han aparecido utensilios pero ningún resto humano. Este hecho sería relevante a la hora de explicar una posible excepcionalidad de la Cabililla pero no haría sino reforzar la importancia de la orilla sur del Estrecho durante la prehistoria, en la que habría que incluir los yacimientos prehistóricos aparecidos en las bahías entre Tánger y Ceuta (Beliunes, Marsa, Dalia…) y en las desembocaduras de los ríos (Alian, Alcazarseguir…), así como las excavaciones y prospecciones realizadas a mediados del siglo pasado (fundamentalmente por Tarradell) y durante los trabajos más recientes, entre 2008 y 2012, de la Carta Arqueológica del Norte de Marruecos (dirigida por Raissouni, Bernal, El Khayari, Ramos y Zouak).

   Especialistas a ambos lados del Estrecho esperan poder demostrar que el paso del homínido de África a Europa no sólo se produjo por el delta del Nilo y por el estrecho de al-Mandeb, también por el estrecho de Gibraltar, sin embargo, no bastará con realizar estudios de manera independiente o aislada en las localidades norteafricanas mencionadas, habrá que considerar toda la orilla sur del Estrecho, y si algún día se llega a alguna conclusión no podrá ser un hecho científico exclusivo de un país u otro, sobre todo teniendo en cuenta que la población de la Cabililla ocupaba toda la bahía de Benzú, hoy dividida entre el municipio de Ceuta y el de Beliunes en Marruecos.

 

3.02 Antigüedad

3.02.01 Fenicia

   No se conoce nada más del resto de períodos prehistóricos y tenemos que avanzar hasta la Antigüedad para encontrar presencia humana en Ceuta. Así, desde el año 1.300 a.C. la civilización fenicia, procedente del extremo oriental del Mediterráneo (lo que hoy sería Siria, Líbano, Israel y Palestina), fue ocupando lugares costeros siguiendo la orilla sur del Mediterráneo, llegando al estrecho de Gibraltar, donde gracias a las características geográficas se establecieron a ambos lados del Estrecho, fundando Barbésula y Cerro del Prado (que después se trasladaría a Carteía) en la orilla norte; Kach Kouch, Abyla, Alcazarseguer, Tingis, Cotta, Tahaddart, Sania e Torres, Metrouna… en la orilla sur. De dicha época tenemos un legado materializado en estructuras murarías (junto a la catedral) y cerámicas (del yacimiento mencionado y recuperadas de los fondos marinos). El hecho de dominar el comercio marítimo les otorgó un gran poder, ejerciendo de nexo de unión (comercial y cultural) entre ciudades y colonias de ambas extremos del Mediterráneo e incluso fundando ciudades como Cartago que después se convertirían en la cuna de la civilización púnica. Tal poder les llevó a rivalizar por el control de los mares con los propios griegos, de los que también nos han llegado restos cerámicos, además de menciones en diversas obras literarias y trabajos científicos (Pseudo-Escílax, Estrabón, Sículo, Ptolomeo…) denominándola Hepta Adelphoi. En definitiva, desde el siglo VII a.C., la ciudad formó parte de una red de localidades (que no de territorios) que atravesaba el Mediterráneo de oriente a occidente en su vertiente sur, y que continuaron a lo largo de la costa atlántica, fundando otras ciudades como Arcila, Lixus (según los arqueólogos el puerto fenicio más importante del Atlático), Mulay Buselham,  Banasa, Chellah y Esauira. Esta última ciudad sería la situada más al sur aunque hasta ahora las investigaciones solo presentan esta ubicación utilizada en temporadas.

   Ceuta pasó a formar parte de la civilización púnica entre los siglos IV y II a.C., como atestiguan las ánforas recuperadas, pero por el momento no se han encontrado restos de un asentamiento (como si ocurre con las tumbas de Tánger). Pero el hecho de que Cartago no solo mantuviera las ciudades y colonias fundadas por los fenicios sino que las aumentara reforzando su poder militar y comercial en la costa africana, en las principales islas del Mediterráneo (Sicilia, Cerdeña, Córcega, Baleares…) y en territorios interiores (península ibérica, norte de África, Medio Oriente), hizo que nuestra ciudad intensificara sus relaciones con otros puertos, hasta el punto de que los productos derivados de los salazones se vendieran en Corintio (Grecia), mostrando nuevamente las conexiones comerciales entre extremos del Mediterráneo.

   En Tánger, los yacimientos fenicio-púnicos son más numerosos, quizás por las características geomorfológicas de su costa y su longitud. Así, se han descubierto restos en Magogha es-Sghira, cabo Espartel, Ras Achakar, Gandori, Djebila, Malabata, Marshan, Mries, Mers y Granja Petit Bois. No hay que olvidar que es en esta época, y sobre todo cuando Cartago se convirtió en la capital del Estado púnico, cuando se produce una verdadera colonización de las costas del Estrecho, al menos de la parte africana.

3.02.02 Roma

   Tras las guerras púnicas, con la desaparición del imperio cartaginense, Ceuta quedó inscrita en el Reino de Mauritania (que siempre mantuvo relación tanto con los fenicios como con los cartaginenses), hasta la irrupción del Imperio romano en el año 44 d.C. quedando incorporada a la provincia de la Mauritania Tingitana. Posteriormente, en el siglo IV, la provincia pasó a formar parte de la Hispania Ulterior como Hispania Transfretana,  convirtiéndose en una provincia a caballo entre África y Europa. Durante este período ya no se trataba de una ocupación costera sino de amplios territorios en cuyos interiores se desarrollaron ciudades, industrias e infraestructuras. Con el paso del tiempo, la ciudad fue consolidando su estatus dentro de la organización administrativa del Imperio romano, adquiriendo en el siglo II la calificación de municipio romano. Si bien no se ha encontrado un trazado urbano que permita afirmar la existencia de una ciudad, las excavaciones arqueológicas sí muestran la presencia de una fortificación en el istmo y de una importante industria asociada a los salazones (con restos de piletas y de ánforas), situando la ciudad como un elemento más del complejo industrial en torno a la industria pesquera del estrecho de Gibraltar y de las costas atlánticas de Portugal y Marruecos, en el que el producto más codiciado por Roma era el garum, hasta el punto de que comerciantes ceutíes lo vendían en los mercados de la capital del imperio. Aunque no hubiera una ciudad como tal (al menos no se ha encontrado nada por el momento), tampoco se trataba de un simple fondeadero, de lo contrario no se hubiera construido la basílica paleocristiana  (entre los siglos IV y V) para enterrar a sus ciudadanos como demuestran los restos del castellum hallado en el interior de la muralla Real, la necrópolis y la basílica tardorromana construida sobre la misma, el enterramiento de las Puertas del Campo, el acueducto de Arcos Quebrados, el edificio de culto dedicado a Isis, las piletas de salazones y las ánforas en el istmo….

   En cualquier caso, Ceuta formaba parte de una red industrial costera junto a otros lugares hoy pertenecientes a Marruecos; Marsa, Alcazarseguer, Cotta, Tahaddart, Lixus, Sania e Torres, Metrouna… pero todos ellos dependientes de las societas o sociedades de la Baetica que eran las que llevaban el peso de la exportación de salazones. Sin embargo, la principal ciudad de la provincia fue Tingis, Tánger, capital de la Mauritania Tingitana y vértice de un triángulo en el que se concentraba gran parte del poder, junto a Volúbilis y Sala Colonia (Chellah en Rabat), con la ejecución de infraestructuras y ciudades que permitieron una explotación a gran escala de los recursos agrícolas de dicha área, añadiéndose esta nueva industria a la ya existente en la costa relacionada con el medio marino.

 

3.03 Antigüedad tardía

3.03.01 Bizancio

   A principios del siglo V los vándalos inician la expansión desde su región de origen (lo que hoy serían las costas alemanas y polacas del mar Báltico) hacia el sur, traspasando las fronteras romanas y llegando hasta el norte de África, tomando primero Tánger, después Ceuta e incluso Volúbilis (cerca de Mequinez), hasta ubicar definitivamente la capital en Cartago, desde la que impusieron un nuevo orden en el Mediterráneo occidental gracias al control sobre las islas Baleares, Córcega, Sicilia y Cerdeña. Tal poder les permitió tomar  Roma y poco después negociar un acuerdo de paz con Bizancio. Del período vándalo no hay restos que reseñar en las regiones del norte de África próximas al Estrecho, debido principalmente a que se trataron de ataques pero no de una ocupación constante, sin embargo, toda la industria de salazones en el ámbito del Estrecho siguió funcionando, así como sus puertos, al menos hasta que fueron derrotados en el siglo VI por los bizantinos.

   El emperador Justiniano I, en su estrategia por unificar nuevamente los imperios romanos de occidente y de oriente, Recuperatio Imperii, propone iniciar la “reconquista” desde los polos opuestos; por un lado desde la propia Constantinopla; por otro desde la península ibérica pero utilizando como base logística la ciudad de Septem (Ceuta), desde la que abastecerían ciudades como Malaca (Málaga) y Cartago Nova (Cartagena). La importancia que tuvo Ceuta para Bizancio quedó patente en la existencia de una fortificación bizantina consolidando otra romana. Estamos hablando de una muralla que en algunos puntos supera los 7 m de altura y que posiblemente (a falta de confirmación en el baluarte de la Coraza) pueda superar los 200m de longitud, por lo que se trataría de la construcción bizantina más importante existente en el ámbito del Estrecho (Del istmo a las murallas reales: Un desafío para la arqueología preislámica de Septem ss. I-VII d.C.. Villada, Casasola).

   Aunque también se menciona en algunas fuentes la toma de Tánger por parte del ejército bizantino, no se han encontrado evidencias arqueológicas de una ocupación constante ni de la ejecución de obras de fortificación, de hecho, las últimas investigaciones (Carta arqueológica del norte de Marruecos) indican una ausencia total de restos bizantinos más allá de la ciudad de Ceuta en el lado africano. Esta constatación explica el hecho de que la ciudad de Ceuta dependiese directamente de Constantinopla, en el extremo oriental del Mediterráneo y no de un poder local o regional.

   A pesar de conseguir ocupar una importante franja de terreno en la parte sur y sureste de la península, no está claro que los visigodos ocupasen la ciudad, al menos no hay evidencias arqueológicas, por lo que los bizantinos se mantendrían en la ciudad hasta la llegada de los árabes.

 

3.04 Edad Media

   La presencia visigoda no significó la fundación de nuevas ciudades sino el aprovechamiento de las urbes y construcciones ya existentes. Con la llegada al Estrecho de las tropas musulmanas se llevarán a cabo, paulatinamente, importantes infraestructuras en ambas orillas, además de refundaciones o nuevas ocupaciones de espacios urbanos abandonados.

3.04.01 Omeyas

   A finales del siglo VII, se inician las primeras incursiones militares del califato omeya de Damasco en el norte de África, encabezadas por el gobernador de Ifriquiya (actual Túnez), que además de lidiar con las ciudades visigodas de Ceuta y Tánger, también tuvieron que hacerlo, en primera instancia, con las tribus beréberes de la región. Tras el acuerdo con el conde Don Julián, la ciudad es ocupada definitivamente en el año 711 y utilizada junto a Alcazarseguer y Tánger como base para la “conquista” de la península ibérica.

   Dada la heterogeneidad de las tropas omeyas que contaban con numerosos tribus beréberes del norte de África en sus filas, éstas aprovecharon la ausencia de unidades venidas de Siria para hacerse con la ciudad de Ceuta, iniciando una serie de acciones encaminadas a independizarse de la influencia de Damasco, lo que se conseguiría a finales del siglo VIII con la implantación de la dinastía idrisí (cuyo fundador había huido de Bagdad para instalarse en Marruecos), que llegaron a ocupar un territorio limitado al este por la actual Argelia y al sur hasta las estribaciones del Anti-Atlas (en concreto la ciudad de Tamdult cerca de Akka). Tras tres décadas el reino fue dividido, debilitándose hasta que a principios del siglo X, ya con el califato de Córdoba instaurado en al-Ándalus, tanto Ceuta como Tánger fueron tomadas y fortificadas para dificultar, precisamente, el cruce del Estrecho por parte de las numerosas tribus norteafricanas enemigas de califato, y sobre todo protegerse de los ataques del califato fatimí (originario de Túnez pero con la capital establecida en El Cairo). En unos momentos de disputa por la hegemonía en el mundo árabe entre los califatos omeyas y fatimíes, Ceuta y Tánger se convirtieron en la principal defensa de los primeros, cumpliendo su papel porque nunca fueron tomadas, manteniendo los omeyas el control de Estrecho desde los puertos norteafricanos (Ceuta, Arcila, Tánger y Melilla) y de la Península (Tarifa, Almería, Almuñécar, Málaga y Algeciras).

   Nuestra ciudad se convirtió en un puesto omeya (cordobés) avanzado en África, como atestiguan las murallas construidas en dicho siglo, y tuvieron tal envergadura que mantuvieron su función defensiva hasta el siglo XVI como veremos posteriormente. La relevancia de estas murallas pudiera radicar en el hecho de que no estaba en juego sólo la toma de Ceuta sino la del propio califato de Córdoba; si caía Ceuta, caía el califato. De la misma manera se podría afirmar la importancia dada a Tánger por Córdoba; la superficie estimada de la alcazaba estaría entre las mayores construidas por el califato, si bien la ausencia de estudios arqueológicos sobre las murallas existentes impiden calibrar realmente el alcance que tuvieron (también porque los ingleses demolieron con pólvora las fortificaciones de la ciudad al abandonarla en el siglo XVII).

   Después de la desintegración del califato de Córdoba en reinos de taifas, Ceuta fue incluida en la taifa de Málaga, posteriormente en la de Granada (tras conquistar ésta la de  Málaga), hasta que una tribu beréber de los barghawata toma la ciudad y funda la taifa de Ceuta, en cierto modo apoyado por los abasíes de Bagdad.

3.04.02 Almorávides

   La inestabilidad creada con la aparición de los reinos de taifas finaliza con la irrupción de la dinastía almorávide en el siglo XI, cuyo origen se encuentra en una confederación de tribus nómadas (sanhaya, lamtuna y jazula) cuya área de movimiento estaba comprendido entre el Alto Atlas (en Marruecos) y el río Senegal (en Mauritania), si bien los orígenes se localizan en Argelia y en Senegal. Desde el desierto del Sáhara van conquistando ciudades y fundando nuevas (como Marrakech) hasta llegar al norte, conquistando Ceuta en 1084 y posteriormente el resto de territorios asociados a las taifas en la Península. Esta dinastía llegó a controlar un territorio comprendido entre Mauritania y Mali al sur, Tremecén en Argelia al oeste y la mitad de la península ibérica. El poder de esta dinastía, sin embargo, no se materializa en un legado arquitectónico o arqueológico en nuestra ciudad (salvo si algún día se confirma que las murallas del monte Hacho fueron construidas por ellos tal y como recoge al-Ansari en la descripción de la ciudad del siglo XIV), pero su importancia sí se puede explicar por la relevancia que tuvieron cuatro ceutíes, empezando por el segundo emir, Alí Ibn Yúsuf, nacido en Ceuta, por el geógrafo al-Idrisi, el jurista (cadí) Ayyad y Sidi Bel Abbas. Estos dos últimos se convirtieron en santos de la ciudad de Marrakech.

   La importancia de Ceuta contrasta con la de Tánger, aunque la ausencia de estudios arqueológicos no permiten identificar elementos constructivos tanto visibles como enterrados del siglo XI, sin embargo, es muy probable que se llevaran a cabo obras de reforma y consolidación de las murallas así como edificios de nueva planta en la ciudad, pero por el momento no se puede aseverar la existencia de un patrimonio material almorávide.

   Sin duda, la ciudad con mayor patrimonio almorávide es Marrakech, no solo por el hecho de haber sido fundada por la dinastía en 1070, sino porque crearon un oasis con una medina en su interior. A pesar de todas las transformaciones sufridas en siglos posteriores, aún se reconoce la estructura del oasis, su sistema hidrológico y algunas de sus construcciones (lienzos de murallas, restos del alcázar al-Hajar, la cúpula del espacio de ablaciones (qubba), el trazado de muchas de las calles de la medina…). También queda un patrimonio hidráulico importante en Rissani, construido para la gestión hídrica de la ciudad de Sijilmasa y los oasis de su entorno (The Last Civilized Place: Sijilmasa and Its Saharan Destiny. Ronald A. Messier y James A. Miller).

   Quizás el patrimonio más representativo serían las fortificaciones construidas en los principales cruces de las rutas de las caravanas, desde Uadane en Mauritania hasta Ceuta;  Uadane y Azugui en la región del Adrar en Mauritania; Agwidir (Asrir, Guelmim), Dar Sultan (Taghajijt, Guelmim), Tidri (Zagora), Tazagurt (Zagora), Aufilal (Errachidia), Jebel Mudawar (Errachidia), Tasghimut (Marrakech), Amergú (Taunate) y el alcázar de los Udayas (Rabat) en Marruecos.

   Estos hechos y el patrimonio legado nos permiten afirmar que Ceuta estuvo directamente conectada no solo con la capital almorávide, Marrakech, también con Uadane, como así lo demuestra el hecho de que dos de los tres fundadores de la ciudad del Adrar hayan vivido en Ceuta para cursar estudios con cadí Ayyad antes de volver a su territorio y fundar dicha ciudad en 1146 (Ouadane et Chinguetti. Deux villes anciennes de Mauritanie. Abdel Wedoud Ould Cheikh y Bruno Lamarche), convirtiendo la ciudad en una referencia académica y polo de atracción en todo el norte de África.

3.04.03 Almohades

   A mediados del siglo XII, los almorávides tienen que hacer frente a una nueva dinastía, los almohades (originarios de territorios al sur de las montañas del Alto Atlas, en la provincia de al-Hauz), que terminarán por ocupar casi los mismos territorios, reduciéndolos por el sur hasta las regiones presaharianas pero ampliándolas por el norte de África hasta Libia. En Ceuta hasta dos rebeliones encabezadas por el cadí Ayyad supusieron la interrupción del dominio almohade sobre Ceuta y cuando lo lograron definitivamente la convirtieron en la principal ciudad del Estrecho, dentro de una provincia compuesta por otras ciudades como Tánger, Algeciras y Málaga. Resulta interesante la creación de esta provincia a caballo entre los dos continentes y teniendo como territorio común el estrecho de Gibraltar (como ya había ocurrido con la Hispania Transfretana romana). Sin duda, se trataba de dotar de mayor control el paso marítimo entre ambas orillas tal y como hicieron los omeyas dos siglos antes, e incluso mucho antes, cuando los fenicios y romanos ocuparon el territorio marítimo del estrecho de Gibraltar. El Estrecho era (y es) fundamental para mantener el poder a ambos lados del mismo.

   En Tánger se reforman las estructuras defensivas de la alcazaba, pero el auge de Alcazarseguer resta protagonismo e importancia al puerto tangerino debido a la saturación de la línea marítima entre Ceuta y Algeciras; los almohades deciden desplazar la logística militar a los puertos de Alcazarseguer y Tarifa constituyendo una nueva línea marítima en el Estrecho.

   En Ceuta la muralla omeya sigue realizando sus funciones aunque se llevan a cabo reformas sin saber muy bien los motivos, como es el caso de la cúpula de la torre junto a la puerta califal. Si bien las fuentes escritas describen otra puerta abierta en la muralla omeya por los almohades, de momento nada se ha encontrado, pero se presupone que ésta esté todavía en el interior de la muralla Real, en un tramo comprendido entre la Puerta Califal y el baluarte de la Coraza. La única edificación aislada que permanece son los baños de la Marina, construcción iniciada entre los siglos XII-XIII, y que se fueron reformando disminuyendo sus dimensiones hasta su abandono a principios del siglo XV (Desvelar la Ceuta medieval: La aportación de la arqueología. Fernando Villada). En el pasaje Fernández apareció una parte del barrio construido también a inicios del siglo XII (aunque se encontraron fosas con elementos cerámicos de los siglos IX y X), con varias calles, viviendas y una mezquita u oratorio (Una mezquita de barrio de la Ceuta marina, Fernando Villada y José Manuel Hita Ruiz). En el acuartelamiento del Brull también se excavaron estructuras murarias de época almohade que permiten afirmar la ocupación de la Almina al menos desde esa época.

   La dinastía almohade mantuvo su capital en Marrakech, iniciando grandes obras como la mezquita de la Kutubía, la mezquita de la Alcazaba (mezquita Mulay al-Yazid), la remodelación de murallas y puertas o la optimización de las infraestructuras hidráulicas con la proliferación de almunias (The Agdal of Marrakesh (Twelfth to twentienth centuries): An agricultural space for caliphs and sultans. Julio Navarro, Fidel Garrido e Íñigo Almela). Conviene destacar el proyecto de ciudad en Rabat, a partir de  lugares ya existentes como Chellah y el alcázar almorávide hoy conocido como Udayas (el origen fue un ribat pero no tiene relación con la estructura espacial de lo que conocemos como morabito), crearon la nueva medina, el recinto fortificado (más allá de la medina) con sus puertas, y las obras inacabadas de la mezquita y minarete conocidas como Torre Hassan II. Otra obra fundamental es la mezquita de Tinmel, en las estribaciones sur del Alto Atlas y no muy lejos del origen de la dinastía en Igiliz (Tarudant).

   Los almohades se concentraron en mantener el poder en al-Ándalus y en su extensión hacia Egipto, perdiendo la presencia que tuvieron los almorávides en el Sahel, con las consecuencias económicas que implicaban la pérdida (no total) del comercio sahariano, especialmente del oro.

3.04.04 Azafíes

   A mediados del siglo XIII, los almohades entraron en una fase de descomposición con la pérdida de “Argelia” y “Túnez”, acelerada por el avance de los cristianos hacia el sur (con una presencia cada vez más constante en aguas del Estrecho), las crisis económicas desencadenadas por los genoveses, el apoyo de las autoridades locales hacía los hafsíes de Túnez, y los intentos por tomar la ciudad por parte de los meriníes y por el emirato nazarí de Granada. Todo ello fue propicio para que la clase noble de Ceuta declarase su independencia con la taifa de Ceuta. Los azafíes llegan a controlar un territorio comprendido entre Tánger y el Peñón de Vélez de la Gomera. La importancia estratégica de Ceuta les permitió firmar tratados tanto con el emirato de Granada como con el reino de Castilla.

   La taifa duró 78 años hasta que la ciudad fue tomada por la dinastía meriní en 1327. Hasta el momento no se han encontrado estructuras y objetos destacables de dicho período histórico.

3.04.05 Meriníes

   A finales del siglo XII y principios del siglo XIII, el reino nazarí de Granada y la dinastía meriní de Fez se disputaron el control del Estrecho, y por tanto de Ceuta, con alternancias en sus conquistas, hasta finales del XII en el que definitivamente son los meriníes los que van a gobernar en ella por un largo período de tiempo. Sin embargo, los intentos de recuperar territorios en la Península a costa del reino nazarí y del reino de Castilla, las ansias de expansión por el este magrebí, el desembarco de los portugueses en las costas norteafricanas y el empuje de la dinastía saadí llegada del valle del Drâa en Zagora por el sur, terminaron por debilitar la influencia meriní, que no solo se basaba en un poder militar y comercial. La estrategia para establecer un dominio utilizaba también la educación y la cultura mediante la construcción de madrasas (complejos religiosos, sociales, educativos y culturales) en las principales ciudades. Ceuta se vio favorecida por esta competición entre las dos dinastías, llegando a contar con dos madrasas, recuperando así su papel en el norte de África como centro cultural de referencia junto a Fez y Orán. Esta efervescencia cultural supuso un impulso político y económico para la ciudad que obligó a que ésta se extendiera, incorporando a su zona de ámbito más próximo numerosas alquerías y pueblos que iban desde Alcazarquivir hasta Ued Lau (Al-Ijtisar al-Ajbar. Al-Ansari, Al-Ansari de Ceuta: nunca una ciudad del Occidente musulmán fue así descrita, Virgilio Martínez).

   De este legado educativo-cultural en Ceuta solo quedan elementos constructivos de la madrasa al-Jadida, si bien el yacimiento de Huerta Rufino ha permitido reconstruir hasta el más mínimo detalle la vida de los habitantes de Ceuta entre los siglos XIII y principios del XV. Otros elementos a destacar serían los baños árabes en el paseo de la Marina. Durante el dominio meriní se produce una expansión urbanística con la construcción de una nueva ciudad, al-Mansura, cuyo testimonio representan los lienzos de murallas, puertas y torres que conformaron su perímetro y que se encuentran en las barriadas de Villajovita y de Zurrón (Al-Mansura, la ciudad olvidada. Fernando Villada y Pedro Gurriarán, coords). Se trata de un urbanismo basado en el modelo establecido por los meriníes con la construcción de la ciudad argelina de Tremecén.

   En el resto de ciudades norteafricanas destacan las obras ejecutadas en la nueva capital (tras decidir abandonar Marrakech), Fez, con la construcción de Fes al-Jadid, nuevo barrio junto a la medina (Fes al-Bali), destinado a acoger las infraestructuras de poder y los servicios necesarios de la medina existente pero que podía funcionar como una ciudad independiente; palacios, murallas, puertas, cuarteles, mezquitas, madrasas, jardines, viviendas, mellah… También hay que destacar el esfuerzo inversor tanto en Salé, conformando definitivamente una ciudad y una base naval, en Chellah, en la propia Rabat (con nuevas mezquitas y madrasas), en Mequinez, en Tánger (con reformas en el sistema defensivo y la construcción de las atarazanas cuyos restos aún permanecen en la bahía) y también en Marrakech, con la construcción de la tumba del cadí Ayyad (de Ceuta), de dimensiones reducidas pero que llegará a ser más importante siglos después como veremos más adelante .

   Resulta apropiado mencionar que la capital meriní en al-Ándalus se establece en Algeciras donde se construyen importantes fortificaciones, al igual que en Gibraltar.

 

3.05 Edad Moderna

3.05.01 Siglo XV

   El avance cristiano hacia el sur de la Península les llevará, a finales del siglo XIII y primera mitad del XIV, a una serie de confrontaciones con los meriníes y nazaríes, con alternancia en cuanto a recuperaciones y pérdidas, tanto de Tarifa como de Algeciras y Gibraltar. Estos asedios y conquistas impiden que se ejecuten nuevas edificaciones y que los esfuerzos se centren en el refuerzo y reparación de las fortificaciones existentes en las tres ciudades de la orilla norte del Estrecho, en un claro retroceso de las dinastías y reinos musulmanes de la Península.

   En 1415 se produce un hecho inaudito, el ataque a la plaza de Ceuta desde el Atlántico. Si desde la llegada de los fenicios y de los romanos la ocupación de la ciudad se había realizado desde el Mediterráneo, desde territorios africanos o desde las costas del sur de la Península, en el siglo XV el reino de Portugal inicia una expansión que comienza en Ceuta y un siglo más tarde le llevará hasta las costas de China y las de América del Sur, ejerciendo un poder naval y comercial casi sin precedentes. La llegada de este nuevo actor supondrá un cambio brusco en la fisionomía de las principales ciudades y puertos de la orilla sur del Estrecho y del Atlántico.

   Antes de la llegada de la flota portuguesa, la ciudad de Ceuta había alcanzado un desarrollo urbanístico notable con la densificación del barrio de la Almina, la construcción de nuevas ciudades, alcazabas y barrios (al-Mansura, Hacho, Beliunes…), pero la irrupción portuguesa y su escaso número de soldados hizo que sólo se ocupara el Recinto de la Ciudad, en la que se produjo un atalho o reducción del perímetro amurallado y del núcleo urbano para facilitar su defensa, llegando a prohibir su uso, quedando la Almina y el Hacho completamente abandonados. Habría que destacar que durante un siglo la muralla omeya (transformada ligeramente por los almohades) siguió cumpliendo su función defensiva, pero se producen reformas en las murallas norte de la ciudad. Las fuentes también hablan de edificios construidos en el Recinto de la Ciudad, de los que sólo hay constatación a través de restos arqueológicos, fundamentalmente cerámica y elementos metálicos. Sin embargo, en la Almina, una antigua mezquita es reutilizada como iglesia y nos ha llegado como la parroquia de Nuestra Señora del Valle. Ya en el siglo XVI aparecen referencias a un edificio del monte Hacho que hacía las funciones de ermita y que hoy conocemos como la ermita de San Antonio.

   Tras las conquistas de Ceuta y de Alcazarseguer los portugueses llegan a Tánger en 1471 y, como hemos indicado anteriormente, se encuentran con una alcazaba de considerables dimensiones, delimitada por murallas que sufrieron numerosas reformas y modificaciones desde el siglo X. No hay información fehaciente sobre la existencia de una muralla entorno a la medina islámica, entre otras cosas porque no se sabe exactamente dónde pudo estar esa ciudad; algunos investigadores proponen al sur del decumanus (la calle Siaghine que va del zoco grande al zoco chico), otros al sur de la muralla de la calle de Portugal y otros al oeste de la medina actual.

   La presencia portuguesa provoca una intensificación de ataques y asedios por parte de los meriníes y de sus sucesores, los watasíes, que tuvieron como capital Fez pero gobernaron sobre un territorio sensiblemente inferior al de sus predecesores (lo que hoy sería el centro y norte de Marruecos). Por otra parte, la ocupación portuguesa de buena parte de la costa atlántica (Alcazarseguer, Tánger, Arcila, Larache, Salé, Azamur, El Jadida, Safí, Esauira, Agadir…) y algunos puntos interiores, se produce en un contexto particularmente complejo para los watasíes, ya que también tienen que hacer frente la presión española en las costas del Mediterráneo (con la conquista de Melilla).

   La caída de Granada provoca una serie de olas migratorias hacia el norte de África, tanto de musulmanes como de hebreos, instalándose muchos de ellos en Tetuán, refundando la ciudad y construyendo tanto la fortificación de la medina como la propia medina.

3.05.02 Siglo XVI

   Tras haber utilizado durante un siglo la muralla omeya de Ceuta (reformada también por los almohades), en este siglo los ingenieros militares portugueses inician las obras de una nueva fortificación, con la construcción de la muralla Real, con sus dos baluartes y barbacana, y el foso navegable, que aún se conservan (obras iniciadas en 1543 y terminadas en 1549). Además de la muralla Real, también son visibles las reformas de las murallas norte y sur del Recinto de la Ciudad con la construcción de algunos baluartes y ampliaciones de torreones para situar artillería (elementos que aún son visibles), si bien fueron posteriormente alteradas por las sucesivas obras de mantenimiento y refuerzo.

   En Tánger, durante los primeros años del siglo, los esfuerzos defensivos se concentran en la construcción del Castillo Nuevo, junto al frente de mar, y en las corazas para proteger el puerto. A finales del siglo XVI se termina la construcción de los baluartes para hacer la alcazaba infranqueable, complejo fortificado en la que se encontraba tanto la medieval como el palacio del gobernador o castillo nuevo edificado en los primeros años de presencia portuguesa ((Re)claiming Walls: The Fortified Médina of Tangier under Portuguese Rule (1471-1662) and as a Modern Heritage Artefact, Martin Malcolm Elbl).

   La experiencia constructiva y militar que van adquiriendo los portugueses en las costas atlánticas del norte de África se materializa en fortificaciones como las mencionadas en Ceuta y Tánger, pero también son significativas las de Alcazarseguer, Arcila, Larache, Salé, Azamur, El Jadida, Safí, Esauira, Agadir… En ocasiones son los mismos ingenieros los autores de esas fortificaciones, así, Benedito de Rávena y Miguel de Arruda firman los proyectos de Ceuta y de El Jadida.

   A principios del siglo XVI, una nueva dinastía originaria de Arabia Saudí y que se había establecido primero en el valle del Drâa, en las proximidades de Zagora y entorno a la zauía Naciría, para posteriormente fijar su capital en Marrakech, hace irrupción convirtiéndose en los principales enemigos de los watasíes. Una vez derrotados los segundos, el país vuelve a tener cierta unidad, a pesar de la presencia en el norte de África tanto de españoles como de portugueses y de las ciudades gobernadas por andalusíes llegados tras la reconquista, como Rabat, Salé y Tetuán. Ello no fue óbice para iniciar una expansión hacia el sur hasta conquistar el Imperio songhai (que comprendía prácticamente todo Mali y una parte de Níger, Burkina Faso y Senegal), con el objetivo de asegurarse el comercio, entre otros productos, de sal, oro y esclavos, y controlando un territorio estratégico comprendido entre el Mediterráneo y el Sahel, desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII. Al tener enemigos comunes, portugueses y especialmente otomanos, se puede decir que saadíes y españoles fueron aliados durante buena parte del sultanato (incluso cedieron la ciudad de Larache a los españoles) hasta que éste inició su declive a principios del siglo XVII.

   El poder económico de los saadíes se tradujo en una transformación casi radical de la medina de Marrakech con la construcción de palacios (Badi) y sobre todo de complejos religiosos-sociales-educativos como manera de contrarrestar el legado meriní. Así,  construyen los complejos asociados a las mezquitas Bab Dukkala, al-Muwassin, la madraza Ibn Yusuf, y las zauías Sidi al-Yazuli, Sidi Abu al-Abbas y Sidi Yusuf ibn Ali (Arquitectura religiosa Saadí y desarrollo urbano (Marrakech siglos XVI-XV). Iñigo Almela Legorburu). Sidi Abu al-Abbas nació en Ceuta en el siglo XI, donde cuenta con un morabito en el monte Hacho, pero de joven se trasladó a Marrakech, convirtiéndose en uno de los siete santos de la ciudad. La construcción de las zauías fue una estrategia de los saadíes para poder conseguir el apoyo de una gran masa social dependiendo de estas cofradías.

   Antes de la desaparición de los saadíes, se produce un hecho relevante para Ceuta, la unión de Portugal y España en 1580, añadiendo a las plazas de Mazalquivir, Orán (estas dos en Argelia), Melilla, el peñón de Alhucemas y el peñón de Vélez de la Gomera, las de Ceuta, Tánger, Arcila y el-Jadida. Durante este tiempo, los conflictos en el Mediterráneo provocados por la lucha hegemónica entre otomanos y españoles, junto al papel de piratas y corsarios, trastorna las rutas comerciales con el Sahel, dirigiéndose hacia el Atlántico, de ahí el interés de España por reforzar su presencia en la costa atlántica y en el Estrecho, por dónde se le daba salida a gran parte del comercio sahariano, mientras que los portugueses sacaban provecho de la posición estratégica de sus puertos atlánticos.

3.05.03 Siglo XVII

   A principios de siglo la dinastía alauí empieza a ejercer un mayor control del territorio desde la región de Tafilalet (Errachidía), a la que llegaron en el siglo XIII desde Arabia Saudí como descendientes del profeta. No es hasta el tercer cuarto del siglo que consiguen derrotar a la dinastía saadí, unificar el país y comenzar el reinado sobre todo Marruecos. El segundo sultán de la dinastía, Muley Ismail, establece la capital del reino en Mequinez, construyendo sus nuevas defensas (murallas y puertas), infraestructuras hídricas, establecimientos militares (caballerizas) y equipamientos religiosos. Mulay Ismail es consciente de que para mantenerse en el poder es imperativo ejercer un control sobre el territorio y sobre las rutas comerciales, para así asegurar una economía que permita a su vez financiar un ejército. Al no confiar en las alianzas (típicas hasta la fecha) entre tribus árabes y beréberes para gestionar un ejército, decide redactar una fatwa por la cual todos los habitantes de raza negra que habitaban en territorio alauí, independientemente de que fueran libres, “harratines” (hombres libres por segunda vez) o esclavos, pasaban a formar parte de su ejército (Le Maroc noir une histoire de l’esclavage, de la race et de l’Islam. Chouki el-Hamel). Este hecho dotó de una cierta cohesión a la población que hasta entonces no era tan evidente. Para ejercer el control de las rutas entre el Sahel y Europa era imprescindible conquistar las ciudades del norte de África, entre ellas Ceuta, lo que intentó con un cerco que duró 33 años, durante los cuales las autoridades militares se vieron obligadas a construir importantes obras de fortificación en las murallas del istmo. El asedio se complicó aún más al verse cortadas las comunicaciones con Gibraltar, quien proporcionaba apoyo logístico, tras su captura por parte de las flotas inglesas y holandesas.

   Aunque la reconquista había permitido un apaciguamiento de las hostilidades en el Estrecho, a partir del siglo XVII se intensifican las incursiones piratas, que además se ven reforzadas por las alianzas con las armadas de los Países Bajos y la de Dinamarca que llegan a atacar Gibraltar. Ante esta situación, España permite el uso de Gibraltar como base naval por parte de la flota británica que también quería erradicar la piratería, pues empezaban a llegar hasta sus propias islas, y oponerse a las armadas francesas y holandesas. En realidad lo que pretendían era tomar un punto de la costa peninsular para establecer una guarnición y un punto de control del Estrecho.

   Dado el desarrollo de la navegación y de los buques de guerra, se ampliaron las zonas de interés y de acción de países alejados de este espacio geográfico, propiciando una inestabilidad en el Estrecho que obligó a ejecutar un nuevo muelle y nuevas baterías a lo largo de la costa del Recinto de la Ciudad y fundamentalmente de la Almina para la protección de la ciudad.

   En 1661, tras el matrimonio entre Carlos II y Catalina Enriqueta, Portugal cede Tánger a la corona británica. Durante un corto período de tiempo los británicos construyen el primer muelle de la ciudad pero en 1684 deciden abandonarla, debido al coste que suponía para Londres y a los ataques a los que les sometían las tropas de Muley Ismail. Durante la evacuación demuelen las principales fortificaciones usando explosivos, hecho que ha dificultado enormemente la comprensión del patrimonio tangerino prácticamente hasta el siglo XVIII (Tangier England’s Lost Atlantic Outpost, E.M.G. Routh). Poco después, los británicos iban a conseguir sur propósitos de ejercer el control sobre el Estrecho con la toma de Gibraltar en 1704.

   Tras la separación de los reinos de España y Portugal en 1640, la ciudad queda bajo los designios de la corona española. Además de los refuerzos en las murallas existentes en el istmo, se comienzan a construir edificios de apoyo a las infraestructuras de la defensa de la ciudad, como el almacén de abastos (1699) .

3.05.04 Siglo XVIII

   El inicio del siglo XVIII va a venir marcado en Ceuta por el cerco de Muley Ismail (1694-1727) que va a poner de manifiesto la necesidad de reforzar y mejorar el sistema defensivo ejecutado por los portugueses en el frente de tierra, pero también por la toma de Gibraltar por los ingleses en 1704. La amenaza de la flota británica iba a obligar a ejecutar obras de fortificación en toda la ciudad. Ceuta seguía teniendo una importancia estratégica desde la que poder controlar el Estrecho, y con ello vigilar los movimientos de los ingleses y de los corsarios, motivo por el cual sufrió durante todo el siglo asedios terrestres (por parte de los marroquíes) y bloqueos navales (por parte de ingleses y franceses). Ante esta situación se tomó la decisión de aplicar las teorías de Vauban y proceder a construir 3 líneas avanzadas respecto al foso navegable con revellines, medias lunas y toda una red de galerías subterráneas. La mayoría de estos elementos aún existen excepto los de la tercera línea (Conjunto monumental de las Murallas Reales). Al este de la muralla Real se construyen bóvedas a pruebas de bomba que se convierten, un siglo más tarde, en cuartel de Artillería (hoy utilizadas como habitaciones del Parador Hotel La Muralla). En la Almina y monte Hacho se construyeron igualmente baluartes poligonales (San Juan de Dios, San Sebastián, San Francisco, San José, de la Polvora, San Carlos…), baterías en todo el perímetro costero para poder alojar piezas de artillería y así mantener alejadas a las flotas enemigas (Fuente Caballos, San Pedro Bajo, Abastos, Pino Gordo, Sauciño, Punta Almina, de la Palmera, del Molino, del Espino…), polvorines… En lo alto del monte (Fortaleza del Hacho). se refuerza la muralla existente con baluartes poligonales en cada esquina (de la Tenaza, San Amaro, San Antonio, Málaga y Fuente Cubierta) Pero no sólo se construyeron fortificaciones, también conventos e iglesias, algunas de las cuales siguen en pie (San Francisco, Los Remedios y Santa María de África).

   Durante todo este siglo la dinastía alauí impone nuevos estilos arquitectónicos, rompiendo sobre todo con la sobriedad almohade y almorávide. Por otro lado, la necesidad de dar salida por el Atlántico a las mercancías provenientes del Sahel, les hizo reforzar las defensas de las ciudades portuarias de Rabat y Salé e incluso acometer importantes obras en la refundada ciudad de Esauira. También hubo un esfuerzo inversor en Marrakech, que había perdido su esplendor tras la desaparición de los saadíes. En Tánger, tras ser recuperada, Muley Ismail emprende la ardua tarea de reconstruir la ciudad y también de repoblarla. Entre las obras más importantes, y que parcialmente ha llegado hasta nuestros días, está la gran mezquita, construida sobre la misma parcela en la que los portugueses habían erigido su catedral, pero se desconoce si queda algo de la misma. En la alcazaba se construye un palacio para la residencia del gobernador (hoy en día museo de la alcazaba) y una mezquita, ambos en uso.

   En 1780 el sultán de Marruecos, Mohamed III, tras fracasar en la conquista de Melilla, propone un convenio de amistad y comercio, el Tratado de Aranjuez de 1780, para poner fin a siglos de hostilidades entre ambos países y así poder centrarse en apaciguar las disputas internas y en el desarrollo de su país, para lo cual era necesario que imperase la paz con el vecino del norte e iniciar intercambios comerciales. Esta postura de acercamiento a España no fue compartida por su sucesor y durante el resto del siglo XVIII se reanudaron las campañas militares para la conquistas de las ciudades españolas del norte de África.

 

3.06 Edad Contemporánea

3.06.01 Siglo XIX

   Desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX, 4 países (España, Marruecos, Francia, y Reino Unido) se disputan el control del estrecho de Gibraltar, convirtiéndolo en un tablero de juego de estrategia donde las alianzas se hacían y deshacían según múltiples y complejos intereses, en la mayoría de los casos, relacionados con la supremacía en Europa y en definitiva en el mundo, puesto que esos imperios también estaban disputándose, y repartiéndose, el control sobre varios continentes mediante las colonias que acababan de establecer en numerosos países y en prácticamente todos los continentes. Esta inestabilidad, y la existencia de dos vecinos hostiles como Marruecos y Reino Unido, más las amenazas de las armadas francesas y holandesas, alentó la construcción de baterías en Ceuta para protegerse de posibles desembarcos, especialmente en las líneas costeras del monte Hacho  y de la Almina.   

   Al mismo tiempo, la debilidad del sultán de Marruecos, a causa tanto de sus problemas internos como de los enfrentamientos con España, posibilita que en 1844 se tomen terrenos próximos al frente de tierra ampliando así los límites de la ciudad hasta Hadú, lo cual fue el presagio de la última guerra entre Marruecos y España que tuvo lugar entre 1859 y 1860, tras la cual se fijan los límites actuales con el objetivo de alejar posiciones artilleras que pudieran amenazar la ciudad. A lo largo del nuevo perímetro se construyen 9 fuertes (de los que hoy quedan 7) para ejercer el control fronterizo. La necesidad de acantonar tropas lleva a la construcción de nuevos cuarteles como el de la Reina, ahora conocido como de Ingenieros y sede de la Universidad de Granada.

   Entre 1884 y 1885 tuvo lugar la Conferencia de Berlín en la que se establecieron las reglas de la colonización, reuniones a las que también participó España. En 1880 el escocés Donald Mackenzie había construido un establecimiento en Tarfaya y tenía planeado construir una serie de factorías en varios puntos de la costa atlántica del Sáhara, haciendo saltar las alarmas de las autoridades españolas que temían ver truncadas sus ansias colonizadoras utilizando la cercanía de las Islas Canarias, por lo que se apresuraron en construir factorías pesqueras (meros barracones de madera) en Dajla y en cabo Blanco (Nuadibú), declarando antes de la finalización de la Conferencia de Berlín la colonia de España sobre la costa occidental del Sáhara, entre los cabos Bojador y Blanco que finalizó con la Marcha Verde de Marruecos en 1975 (Veintidós años en el desierto: Mis memorias y tres expediciones al interior del Sáhara. Francisco Bens).

   A finales del siglo XVIII y durante el siguiente, coincidiendo con la apertura de Marruecos hacia el mercado internacional, Tánger comienza las obras de su puerto y de nuevos edificios oficiales (como el palacio para el sultán Mulay Hafid, hoy Palacio de Instituciones Italianas) y acoge la representación diplomática de numerosos países gracias a su posición sobre el estrecho de Gibraltar, lo que implica la construcción de edificios por parte de las diferentes comunidades extranjeras que se establecen en la ciudad; consulados (americano, español, portugués, francés…), iglesias, sinagogas, hospitales, escuelas, edificios culturales, viviendas… Estas construcciones se llevan a cabo, primero, en terrenos ganados al mar (donde hoy en día se sitúa el Kursaal) junto al puerto, en el eje del Zoco Chico y al oeste de la alcazaba, ya fuera de la medina. Edificios que aún se pueden ver aunque la mayoría hayan cambiado de uso.

   En el resto de ciudades marroquíes se llevan a cabo obras impulsadas por miembros del Majzén encaminadas a la construcción de palacios de carácter residencial como el palacio Bahia en Marrakech o Dar Batha en Fez, además del ya mencionado en Tánger.

3.06.02 Siglo XX

   El Tratado de Fez (y el posterior Tratado Hispano-Francés) de 1912 supone el inicio de los protectorados de Francia y España en Marruecos. España ocupa el norte de Marruecos y una franja entre el río Drâa y el cabo Jubi (Tarfaya). El protectorado supuso un respiro para Ceuta en cuanto a hostilidades, significando además un revulsivo económico para la ciudad al convertirse en el puerto de entrada al protectorado, pese a no estar incluido en él, con la consiguiente inversión en infraestructuras portuarias y ferroviarias. Durante los años 20, la ciudad se convierte en un laboratorio de arquitectura con edificios regionalistas, racionalistas, modernos, navales… algunos de ellos realmente vanguardistas para su época si los comparamos con los construidos en Europa en ese mismo período, como el “Portaaviones” de Gaspar Blein de 1928 . Al mismo tiempo, y al igual que en el resto de España, se van a implementar los primeros planes urbanísticos para el ensanche de la ciudad, y en 1930 se convoca un concurso ganado por Gaspar Blein, aunque la Guerra Civil impide que se ejecute . Durante los años de la república se inicia un esfuerzo por erradicar el chabolismo y se construyen edificios públicos que hoy están protegidos por el PGOU, como el Instituto de Educación Secundaria Siete Colinas, el parque de bomberos, la estación de autobuses, así como numerosos edificios de viviendas. La Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial suponen un parón en la economía de la ciudad y no será hasta los años 60, con la puesta en marcha de un plan económico del Estado a nivel nacional, que se le da un impulso al comercio de bazar y al bunkering en el puerto. Ambos sectores vienen a paliar el déficit provocado por una disminución de la población y de los efectivos militares. Finalmente el ensanche que se pone en marcha es el diseñado por Pedro Muguruza en 1944, con nuevas barriadas y viviendas, las mezquitas de Sidi Embarek y Muley el-Mehdi, pero los principales edificios oficiales muestran un estilo acorde con el régimen franquista. Sin embargo, sí que hay un cambio importante con la ejecución de calles y carreteras que serían fundamentales para la ciudad, como la carretera Nueva y el puente Nuestra Señora de África, del ingeniero Martínez Catena. Este desarrollo llevó implícito la destrucción de una buena parte del patrimonio que aún se mantenía, especialmente en la zona ocupada por el Parador Hotel La Muralla, si bien se podría afirmar que con el proyecto del hotel del arquitecto Carlos Picardo se consigue proteger la muralla Real de su destrucción.

   En ese mismo período, los dos protectorados inician una especie de competición para expoliar las materias primas, también para desarrollar las principales ciudades; Tetuán, Arcila y Larache de lado español (Arquitectura y urbanismo español en el norte de Marruecos, Antonio Bravo Nieto); Rabat, Casablanca, Fez, Mequinez, Marrakech y Agadir de lado francés. Una competición en la que estaba en juego la influencia de las potencias coloniales en el urbanismo, la arquitectura, la cultura y por su puesto la economía. Las ciudades cambiaron radicalmente su fisionomía, entre otras cosas porque el control de las potencias coloniales conllevó un cierto apaciguamiento de las tribus (al menos en las ciudades más al norte del Alto Atlas). Los planes urbanísticos supusieron el fin de las murallas de la medina como elemento de protección, instalándose la población, tanto de los barrios intramuros como las llegadas de las zonas rurales, en los ensanches urbanos, hoy convertidos en los centros urbanos de cada una de esas ciudades. Los desarrollos de los planes urbanísticos suponen verdaderos laboratorios arquitectónicos (con momentos más o menos intensos en función del contexto internacional y nacional de las potencias coloniales), en el que estilos, tipologías, sistemas constructivos y estructurales se convierten en propaganda sobre la “modernización" de Marruecos, si bien es cierto que hoy en día el patrimonio moderno arquitectónico se ha incorporado a la cultura marroquí. El frenético desarrollo urbano durante los protectorados implicaba, en ocasiones, la demolición de edificios para poder introducir ejes de comunicaciones (como en las medinas de Rabat y Casablanca) pero en otras ciudades los ingenieros y arquitectos españoles protegieron (urbanísticamente) las tramas de las medinas, construyendo los nuevos desarrollos junto a las mismas pero utilizando un espacio público a modo de transición. También hubo funcionarios como Mariano Bertuchi (desde 1928 inspector jefe de los Servicios de Bellas Artes y Artes Indígenas) que impidió la demolición de casas en la medina para sustituirlas por edificios “europeos”, iniciando la rehabilitación y restauración del patrimonio fortificado de Tetuán, para lo que tuvo que crear la Escuela de Artes y Oficios (Dar al-Sana’a), aún en funcionamiento, y recuperar así oficios ya perdidos entre la población local. También fue el impulsor del Museo de Arte Indígena y Hogar Musulmán (hoy Museo Bab el-Oqla) y de la Escuela Preparatoria de Bellas Artes (hoy Instituto Nacional de Bellas Artes de Tetuán, INBA). Se da la circunstancia de que Mariano Bertuchi había vivido en Ceuta (1918-1928) trabajando tanto como político como artista, colaborando con ingenieros militares en la construcción, por ejemplo, del cuartel de Regulares, que tenía que alojar el cuerpo compuesto por marroquíes que posteriormente lucharon en la Guerra Civil en el bando nacional. En realidad, algunos de los arquitectos españoles que trabajaron en el protectorado, también lo hicieron en Ceuta; Andrés Galmés, Carlos Óvilo, Manuel Latorre, José Larrucea, Pedro Muguruza, al igual que los ingenieros Julio Rodríguez Roda (autor de la línea de ferrocarril Ceuta-Tetuán) y Federico Martín de la Escalera (autor del acuartelamiento Dar Riffien) entre otros. A finales del siglo XX se inicia una colaboración de la Junta de Andalucía con las autoridades marroquíes para rehabilitar edificios y espacios públicos de las ciudades que formaron parte del protectorado, con los consiguientes proyectos de investigación que han permitido un mayor conocimiento de dicho patrimonio.

   En el Sáhara, la única ciudad fundada por la población local, por el jeque Ma al-Aynayn, había sido Esmara en 1898, el resto eran territorios poblados por tribus nómadas por lo que no necesitaban ciudades; los campamentos de hasta 400 tiendas se establecían cerca de pozos durante un período limitado en función del pastoreo. Sin embargo, la necesidad de acantonar efectivos militares ante la creciente actitud belicosa de las tribus que pretendían la expulsión de los españoles fue generando núcleos como Auserd y Bir Ezarán, cuyas instalaciones militares están ahora ocupadas por el ejército marroquí. El esfuerzo inversor fue mayor a partir de los años 30 en las ciudades designadas como capitales de los dos territorios en los que se dividió el Sahara español (coincidiendo con una división tribal), Villa Cisneros (Dajla) en Río del Oro y El Aaiún en Seguía el-Hamra, así como en Esmara. Durante 40 años se construyeron edificios administrativos, militares, viviendas para los españoles y para los nómadas que empezaban a sedentarizarse, siendo los más interesantes los edificios militares con cúpulas (a semejanza de las edificaciones semisedentarias de los nómadas) y las viviendas, especialmente las de El Aaiún y Sidi Ifni (Ciudad y vivienda experimental en Ifni y el Sáhara español: una expresión de modernidad en los años 1960. Pablo Rabasco).

   Tánger también intensifica su desarrollo urbano a partir de 1912 con la instauración de los protectorados pero sobre todo a partir de 1923 con el estatus impuesto a la ciudad, Zona Internacional de Tánger, por el cual el control de la misma se dividía entre diversos países; España, Francia y Reino Unido en primera instancia y posteriormente Portugal, Bélgica, Países Bajos e Italia. La aparición de barrios asociados a cada uno de los países obliga al desarrollo de planes urbanísticos para poner orden al frenesí constructivo en el que se establece una competición por ver quién impone su influencia (cultural, arquitectónica…).

   La competencia colonial entre España y Francia se vio afectada por dos acontecimientos, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. La primera tuvo un impacto económico negativo en el norte de Marruecos y en las ciudades españolas norteafricanas, pero a la vez fueron claves en el devenir de los vencedores que se habían servido de los conflictos y batallas coloniales para adiestrar un ejército que en su mayoría se sublevaría posteriormente en 1936.

   Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, las potencias europeas fueron perdiendo las colonias en el continente africano, las cuales fueron ganando la independencia, en la gran mayoría, durante los años 40 y 60. Durante ese período España intentaba la reconstrucción del país bajo una dictadura y no fue hasta la llegada de la democracia, tras la muerte del dictador en 1975, que el país empezó a desarrollarse, sobre todo con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (1986). Ceuta recibe una fuerte inversión económica durante años que posibilitó una serie de transformaciones en la ciudad hasta bien entrado el siglo XXI, entre las que destaca los terrenos ganados al mar en la Marina y la posterior construcción del Parque Marítimo del Estrecho del artista canario César Manrique, la ampliación del Ayuntamiento de los arquitectos Cruz y Ortiz, la rehabilitación del Conjunto Monumental de las Murallas Reales de Juan Miguel Hernández de León…

3.03.03 Siglo XXI

   El inicio del siglo viene marcado por la vigorosa economía española (que duraría hasta la crisis económica de 2008-2012) y en Ceuta por las inversiones europeas y del propio Estado que dio pie a obras que forman parte del patrimonio histórico, como el Desdoblamiento del Paseo de las Palmeras de Carlos Pérez Marín, José Luis Pérez Marín y Antonio Molina Ortiz, el Centro Cultural de la Manzana del Revellín de Alvaro Siza y la Biblioteca Pública del Estado de Paredes Pedrosa sobre el yacimiento de Huerta Rufino del siglo XIV.

   En Marruecos supone el inicio del reinado de Mohamed VI tras el fallecimiento en 1999 de su padre. Durante las dos primeras décadas de este siglo el rey cambia drásticamente las políticas encaminadas al desarrollo del país, con millonarias inversiones a lo largo de toda la geografía, empezando por las infraestructuras de transportes; red de carreteras, red ferroviaria, puertos, aeropuertos, estaciones de autobuses… y los equipamientos (Ceuta y su posicionamiento geográfico, Carlos Pérez Marín). Por otra parte, en un discurso de 2015 el rey reivindica las raíces africanas de Marruecos e inicia una especie de colonización con inversiones en empresas claves de países africanos francófonos, intentando competir en influencia con la vecina Argelia. El desarrollo económico (no así social) no consigue una equiparación a la hora de negociar con los países europeos.

   Como autor de este texto no puedo dejar de mencionar los proyectos que he realizado en diferentes ciudades de Marruecos (Martil, Tetuán, Tánger, Marrakech y Tissardmine), así como los tres años que estuve de profesor asociado en la Escuela Nacional de Arquitectura de Tetuán (perteneciente al Ministerio de Planificación Territorial, Desarrollo Urbano, Vivienda y Política Urbana) cuyos alumnos son ahora arquitectos con responsabilidades en diferentes regiones y con los que sigo manteniendo un contacto e incluso colaborando con ellos en actividades educativas o en proyectos arquitectónicos. También han trabajado a ambos lados de la frontera los arquitectos ceutíes Nordin e Hicham el-Kenfaoui, que tras trabajar varios años en Ceuta se han instalado definitivamente en Tetuán.

 

Credits texts, photos and drawings: Carlos Pérez Marín